lunes, 5 de marzo de 2012

Tema 17. La España de la Restauración. El reinado de Alfonso XII y la Regencia de María Cristina (1874-1902).



Tema 17.  La España de la Restauración. El reinado de Alfonso XII y la Regencia de María Cristina (1874-1902). Sistema canovista, Constitución de 1876 y turno de partidos. Regionalismo y nacionalismo. Guerra colonial y crisis de 1898.


1)    Causas y características de la Restauración
  
   El término Restauración hace referencia a un período histórico (1874-1923) y a un régimen político. Las causas de la Restauración fueron las siguientes:
  • La incapacidad y la fragilidad de la I República para resolver los conflictos bélicos simultáneos: Tercera Guerra Carlista, Guerra de Cuba y cantonalismo.
  • La debilidad y la pasividad de toda posible oposición social a la Restauración.
  • La presión de los grupos sociales favorables a la Restauración:
o   La alta burguesía. Necesitaba orden para el desarrollo de sus negocios, orden que no garantizaban los diferentes gobiernos del Sexenio.
o   Los colonialistas. Sentían temor por los proyectos republicanos de conceder autonomía a la isla de Cuba y a la supresión de la esclavitud.
o   Los terratenientes. Identificaban el régimen republicano con revolución social.
o   Los altos mandos del Ejército. No aceptaban la radicalización del modelo político.
o   La Iglesia Católica. La mayor parte del clero era antidemocrático, reaccionario y conservador.
      Este período presenta los rasgos siguientes:
ü  La vuelta al trono de España de los Borbones en la persona de Alfonso XII.
ü  El dominio de una élite política, compuesta por los dirigentes de los dos grandes partidos, el Partido Liberal Conservador y el Partido Liberal Fusionista.
ü  La vigencia durante todo el período de la Constitución de 1876.
ü  El sistema político se caracteriza por el turno de partidos, la manipulación electoral y el caciquismo.
ü  El desarrollo de un conflicto bélico, Guerra de Cuba, que provocará una crisis nacional (desastre de 1898).

2)    Los fundamentos políticos de la Restauración. Constitución de 1876, el turno de partidos y el caciquismo.


  1. El pensamiento político de Antonio Cánovas del Castillo.

   Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897). Historiador y político. Fue el creador y el hombre clave de la Restauración. Diseñó, desde 1873, la estrategia para la vuelta al trono de España de los Borbones y la organización de un nuevo sistema político. Las principales ideas de Cánovas eran:
o      La defensa del liberalismo doctrinario. Según Cánovas, existían dos instituciones esenciales, la Monarquía y las Cortes. La Monarquía era consustancial a la Historia de España y, por ello, debería consolidarse como forma de Estado, situándose por encima de las leyes y de la propia Constitución. La Monarquía debería recuperar el prestigio perdido durante la etapa de Isabel II. Monarquía y Cortes compartirían el poder legislativo y la soberanía.
o      Partidario de una Constitución ecléctica, es decir, que fuera aceptada por los partidos burgueses (Partido Liberal Conservador y Partido Liberal Fusionista). Estos partidos se turnarían pacíficamente en el gobierno, siguiendo el modelo del bipartidismo británico.
o      Se muestra contrario a la intervención del Ejército (pronunciamientos militares) en la vida política.
o      Ideología conservadora en el plano social. Sus objetivos son asegurar el orden social y el progreso económico, manteniendo el orden social frente a las pretensiones de cambio de la clase trabajadora. Justificaba el uso de la fuerza como instrumento de defensa para contener el avance del socialismo y del anarquismo, que amenazaban la existencia de la propiedad privada. Para Cánovas, la propiedad privada era la base del modelo socioeconómico burgués.
o      Su actuación política se caracteriza por el pragmatismo y el realismo, es decir, partidario de pactar con otras fuerzas políticas siempre que acepten el modelo liberal.


  1. La Constitución de 1876

   Está inspirada en el pensamiento político de Cánovas del Castillo. Para su elaboración se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino, según lo establecido en la Constitución de 1869. Las elecciones fueron manipuladas para que los canovistas tuvieran una amplia mayoría (331 de los 391 diputados totales). La Constitución pretendía ser una síntesis de los textos constitucionales de 1845 y 1869, y su finalidad era establecer un marco constitucional que permitiera el gobierno a los partidos que aceptaran el sistema liberal y la Monarquía. Fue aprobada el 30 de junio de 1876 y estuvo vigente durante 47 años, hasta el 15 de septiembre de 1923. Se compone de 89 artículos.
   Las principales características son las siguientes:
  • Soberanía compartida, es decir, la potestad de hacer las leyes recae en las Cortes y en el Rey.
  • Cortes bicamerales.
§  El Congreso de los Diputados es una cámara electiva, primero por sufragio censitario y, desde el 26 de junio de 1890, por sufragio universal masculino.
§  El Senado se compone de tres clases de senadores. Por un lado, los senadores por derecho propio (Grandes de España, arzobispos, capitanes generales, etc.). Por otro lado, los senadores por designación real que ocupan su cargo con carácter vitalicio. Por último, senadores por elección a través de un sufragio reservado a los mayores contribuyentes.
  • Principio de división de poderes.
§  Poder legislativo corresponde a las Cortes y al Rey, que comparten la iniciativa legislativa. El Rey tiene atribuciones legislativas como la sanción de las leyes, el derecho de veto durante una legislatura y la disolución de las Cortes.
§  Poder ejecutivo. Lo ejerce el Rey a través de sus ministros. Los ministros son responsables ante las Cortes. El Rey elige libremente al jefe de Gobierno que no es responsable ante las Cortes.
§  Poder judicial. Se indica la independencia del mismo. Se establece la unidad de códigos, lo que significa la supresión de los fueros vascos y navarros.
  • Centralización administrativa, es decir, ayuntamientos y Diputaciones bajo control gubernamental.
  • Amplia declaración de derechos. Recoge casi todos los incluidos en la Constitución de 1869, pero se utilizan leyes ordinarias para concretar el contenido de los mismos. Esas leyes tendieron a restringir el ejercicio de los derechos y libertades, sobre todo los más problemáticos como la libertad de imprenta, el derecho de asociación o el derecho de reunión.
  • La cuestión más polémica de la Constitución fue la religiosa. Se reconoció la confesionalidad del Estado (religión católica como religión oficial del Estado), a cambio se autorizaban otras religiones si respetaban la moral católica. Además, se prohibían las manifestaciones públicas de otras religiones.


  1. El turno de partidos y el caciquismo

   El funcionamiento del régimen, tal y como había sido diseñado por Cánovas del Castillo, se basaba en la existencia de unos partidos de talante liberal que aceptaran el modelo político establecido en la Constitución de 1876. Para garantizar las mayorías parlamentarias, lo ideal era que hubiera dos partidos que se turnaran pacíficamente en el poder, cediéndolo cuando perdieran la confianza parlamentaria y respetando la obra política de sus antecesores. Estos partidos eran el Partido Liberal Conservador (dirigido por Cánovas y heredero ideológico de los moderados) y Partido Liberal Fusionista (dirigido por Sagasta y heredero ideológico de los progresistas). Se buscaba establecer un sistema bipartidista a imitación del británico, del que Cánovas era admirador. A través del turno, se evitaba la intervención del Ejército en la vida política como había ocurrido durante el reinado de Isabel II. El turnismo fue un artificio que se basaba en la manipulación electoral, impidiendo que otras fuerzas políticas pudieran acceder al poder. El sistema de turno era sencillo. El Gobierno dimitía y el Rey nombraba nuevo jefe de Gobierno al líder del partido que en ese momento estuviera en la oposición, procediéndose a la disolución de las Cortes y a la convocatoria de nuevas elecciones. Las elecciones se manipulaban para que el nuevo Gobierno tuviera la mayoría parlamentaria. Durante toda la Restauración, el sistema parlamentario fue una ficción. El partido gobernante pactaba y negociaba con los líderes del partido de la oposición los resultados electorales. Esta práctica recibía el nombre de encasillado y se plasmaba en una lista en la que se indicaba el nombre de aquéllos que iban a ser elegidos diputados. El partido gobernante se garantizaba la mayoría parlamentaria, pero siempre se reservaba un número suficiente de diputados al partido de la oposición. En cuanto a los medios para obtener esa mayoría, se recurría a los caciques, individuos poderosos e influyentes en la vida local (terratenientes, notarios, médicos, etc.), cuya función era controlar las elecciones para garantizar los resultados fijados en el encasillado. Los caciques eran los intermediarios entre la vida local y el Estado. Sus procedimientos eran diversos como la violencia, las amenazas, la compra de votos, etc. Este sistema fue muy efectivo en el ámbito rural, pero no lo fue tanto en las grandes ciudades, ya que la mayor formación política de los electores hacía más difícil la intimidación y el engaño.

3)    La evolución política 1875-1902.

  • Reinado de Alfonso XII (1875-1885)

   Entre 1875 y 1880, el Partido Liberal Conservador asumió las funciones de gobierno. Las actuaciones más significativas fueron:
ü  Fin de los conflictos bélicos.
§  Tercera Guerra Carlista. La firma del Manifiesto de Somorrostro (marzo 1876) puso fin a la Tercera Guerra Carlista. La consecuencia fue la modificación y la abolición de los fueros vascos y navarros, ya que la consolidación del Estado liberal exigía una unificación legislativa. Se establece la obligación de que las provincias vascas de contribuyan con hombres al servicio militar y el establecimiento de un concierto económico especial, denominado cupo vasco. Éste se basaba en que los impuestos eran recaudados por las Diputaciones vascas y entregaban el cupo acordado como contribución a los Presupuestos Generales del Estado. El carlismo siguió existiendo como fuerza ultraconservadora y tradicionalista.
§  Guerra Larga de Cuba. El conflicto concluyó mediante la acción militar y la promesa de reformas, especialmente, la concesión de un régimen de mayor autonomía política para contentar a la burguesía cubana y a Estados Unidos, principal valedor de los rebeldes cubanos. La firma de la Paz de Zanjón (febrero de 1878) puso fin a la guerra. Se incluía una amplia amnistía, la libertad de los esclavos de origen asiático, etc. El incumplimiento de la Paz de Zanjón fue la causa de la guerra definitiva a partir de 1895.
ü  Aprobación de una nueva Constitución en 1876.
ü  Ley Electoral de 1878, que estableció un sufragio censitario muy restrictivo ya que sólo podía votar el 5% de la población.
ü  La restricción de los derechos y libertades establecidos en la Constitución. Se estableció la censura previa de prensa (1876), la Ley de Imprenta (1879) que consideraba delito cualquier crítica a la Monarquía, al sistema político, a la religión, etc. Se restringió la libertad de cátedra en el ámbito de la enseñanza. Además, los derechos de asociación y de reunión se sometieron a la interpretación gubernativa. Su interpretación restrictiva supuso la ilegalización de los partidos y los sindicatos obreros, los republicanos, etc.
   Entre 1881 y 1884 ocupó el poder el Partido Liberal Fusionista de Sagasta, comenzando el turno de partidos. Esta etapa se caracteriza por la realización de tímidas reformas: la libertad de expresión, la libertad de cátedra, la limitación de las denuncias por los delitos de imprenta, la libre actuación de las asociaciones obreras y republicanas. Sin embargo, este gobierno no pudo hacer frente a la crisis económica y a diversos problemas sociales: los sucesos de la Mano Negra, la huelga de tipógrafos de Madrid promovida por el PSOE, etc. Ante esta situación, Alfonso XII cesó a Sagasta y encargó a Cánovas la formación de un nuevo gobierno.


  •  Regencia de María Cristina (1885-1902)

   La muerte de Alfonso XII, en noviembre de 1885, hizo que María Cristina, su mujer, se convirtiera en Regente ante la minoría de edad del nuevo monarca, Alfonso XIII. El fallecimiento del rey ponía en peligro el sistema político de la Restauración, porque era una pieza clave del mismo. Sagasta y Cánovas firmaron el Pacto de El Pardo (1885) en el que se comprometían a apoyar a la Regente, a facilitar el turno y a respetar la legislación aprobada por los gobiernos salientes.
   En noviembre de 1885, Sagasta ocupa la jefatura del Gobierno y se inicia el denominado Parlamento Largo (1885-1890), que puso en práctica un amplio programa de reformas:
Ø   Reforma militar, impulsada por el general Cassola. La reforma pretendía establecer el servicio militar obligatorio y poner fin al sistema de quintas. La oposición de los mandos del Ejército y de una parte de la clase política retrasó su entrada en vigor hasta 1911.
Ø   Ley de Asociaciones de 1887. Reconocía la libertad de asociación, lo que hizo posible la legalización de las organizaciones obreras, impulsando el movimiento obrero.
Ø   Código Civil de 1889 (Alonso Martínez). Reforma importante porque consagraba un orden social fundado en la propiedad privada.
Ø   Ley de Sufragio Universal (1890). Permitió el derecho al voto a todos los varones mayores de 25 años, aunque este derecho se desvirtúa por la manipulación electoral.
   Entre 1890 y 1902, los conservadores (Francisco Silvela tras el asesinato de Cánovas en 1897) y los liberales turnaron en el poder. A finales del siglo XIX, se observa, sobre todo en las grandes ciudades, un resurgimiento del republicanismo como expresión de rechazo al sistema de la Restauración.

4)    Republicanismo,  regionalismo y nacionalismo

a)        Republicanismo  
  
   Tras el fracaso de la Primera República, el republicanismo se dividió en diversos grupos:
  • Republicanos históricos o posibilistas (Emilio Castelar). Partidarios de una democracia conservadora.
  • Republicanos federalistas (Pi y Margall). Cercanos a las organizaciones obreras. Con el paso del tiempo, perdieron influencia entre los trabajadores.
  • Republicanos progresistas (Ruiz Zorrilla). Buscaban un cambio del sistema político utilizando la vía del pronunciamiento militar.
   A principios del siglo XX, surgieron diversos partidos republicanos. El más importante fue el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux (1908). Partido con planteamientos españolistas, anticlerical y aparentemente revolucionario. Era un partido populista y demagógico. Importancia entre las clases medias y  sectores de la clase trabajadora.
   Los republicanos establecieron una alianza con los socialistas en 1909 para luchar contra la monarquía, denominada conjunción republicano-socialista.
           
b)        Regionalismo y nacionalismo

   Corriente ideológica que defiende que las naciones con lengua, cultura, historia y costumbres propias se constituyan como Estados independientes y soberanos. Una corriente nacionalista reclama la autonomía dentro del Estado español; otra reivindica la independencia. El nacionalismo es una manifestación ideológica de las clases medias.

  • Nacionalismo catalán
  
   En el siglo XIX, se reavivaron los sentimientos de diferenciación cultural y política con respecto a otras regiones de España. Cataluña era una región urbana e industrial, mientras que el resto del país era agrícola y rural. Los momentos más importantes en la configuración del nacionalismo catalán fueron:
  • El desarrollo de la Renaixença. Es un movimiento intelectual y literario de carácter burgués que tenía como objetivos la difusión de la historia catalana y la recuperación de la identidad catalana, especialmente la lengua.
  • La fundación del Centre Catalá (1882). Fundado por Valentí Almirall, padre del catalanismo. Era una asociación política catalanista que reclamaba la autonomía para Cataluña dentro del Estado español.
  • La actividad de Prat de la Riba. Redactó el programa del nacionalismo catalán hasta la Segunda República. Ese programa se conoce con el nombre de Bases de Manresa. Los puntos más importantes eran la petición de autonomía para Cataluña; el reconocimiento del catalán como lengua oficial, y la recuperación de las Cortes catalanas.
  • La creación de la Lliga Regionalista (1901), dirigida por Prat de la Riba y Cambó. Partido burgués, católico, de carácter conservador. Sus objetivos eran la autonomía política y la defensa de los intereses económicos de Cataluña. Fue la principal fuerza política catalana en el primer tercio del siglo XX. Su éxito más importante fue la creación de la Mancomunidad Catalana, es decir, la agrupación de las cuatro diputaciones provinciales catalanas (se consideraba el paso previo para lograr la autonomía). En los años veinte, surgió un catalanismo independentista y de izquierdas.

  • Nacionalismo vasco

   Su desarrollo es más tardío que el catalán porque carecía de una tradición literaria y el euskera sólo tenía un uso rural.
   La figura más importante fue Sabino Arana que, en 1895, fundó el Partido Nacionalista Vasco. Las ideas del nacionalismo vasco son las siguientes:
  • Creación de un Estado vasco independiente del Estado español, formado por el País Vasco español, el País Vasco francés y Navarra.
  • Antiespañolismo porque España había esclavizado a la patria vasca.
  • Exaltación de la etnia vasca, es decir, los vascos serían un grupo racial diferenciado. Protección de ese grupo mediante la prohibición de los matrimonios mixtos o el rechazo a los inmigrantes de otras zonas de España.
  • Integrismo religioso católico. Se rechaza cualquier otra religión.
  • Difusión del idioma y de las tradiciones culturales vascas.
  • Defensa del mundo rural vasco. Consideran que es un mundo sin castellanizar, sin contaminar.
  • Denuncia del carácter españolista del carlismo. Piensan que los fueros era una concesión de la Corona española.
   Las principales bases del nacionalismo vasco fueron Vizcaya y  Guipúzcoa. Fue apoyado por las clases medias. El nacionalismo, tras la incorporación de la gran burguesía vasca (financieros e industriales), adquirió uno de sus rasgos más característicos: la tensión interna entre los militantes de base (partidarios de la independencia) y la dirección del partido (autonomía dentro del Estado español).


5)    Guerra colonial y crisis de 1898

   Tras la pérdida de la América continental durante el reinado de Fernando VII, los restos del Imperio colonial español eran Cuba, Puerto Rico, Filipinas y un conjunto de islas e islotes dispersas en el Pacífico. La situación de Cuba y Puerto Rico presentaba unas características similares: su actividad económica se basaba en la agricultura de exportación (caña de azúcar y tabaco); aportaban a España importantes beneficios económicos; constituían un mercado cerrado, porque España las obligaba a comprar los productos hispanos, y controlaba sus exportaciones; y España aseguraba con sus tropas y su administración la explotación esclavista en beneficio de una reducidísima oligarquía.
   En Filipinas, la población española era escasa y los capitales invertidos no eran importantes. La soberanía española se había mantenido gracias a la presencia militar y a la labor de las órdenes religiosas.
   La pérdida de los restos del Imperio colonial provocó grave crisis nacional, el “desastre del 98”, que supone una ruptura parcial con el pasado y abre una nueva etapa en la historia española contemporánea.

a)      Las  guerras de Cuba y Filipinas. La guerra contra los Estados Unidos.

   Tras el fin de la Guerra de los Diez Años (1878), los sucesivos gobiernos no habían cumplido las condiciones establecidas en la Paz de Zanjón, debido a las presiones ejercidas por los hacendados cubanos y por los españoles con intereses económicos en la zona, grupos oligárquicos con gran influencia en el Parlamento español.
   El movimiento independentista cubano, durante esos años, había madurado y avanzado, bajo el liderazgo de José Martí y Antonio Maceo. En 1895, se reinició la guerra con el Grito de Baire, siendo enviado el general Martínez Campos para dominar la insurrección. Martínez Campos intentó una política de conciliación, pero la insurrección era más extensa y organizada que la de 1872, y regresó a España al negarse a aplicar medidas represivas sobre la población civil. El nuevo gobierno de Cánovas envió al general Weyler, gran conocedor de la isla, que cambió la situación de la insurrección. Weyler utilizó una nueva estrategia para luchar contra las guerrillas: dividió el territorio en trochas o líneas fortificadas, que impedían el paso de los insurrectos y concentró a la población civil en compartimentos para evitar que pudiera apoyar a los guerrilleros. Se inició una guerra de desgaste que se prolongó a lo largo de 1896 y 1897. 
   Fue en este momento cuando los Estados Unidos decidieron intervenir. Los Estados Unidos habían apoyado a las guerrillas independentistas desde el estallido de la insurrección. Eran partidarios de la independencia cubana, porque suponía el abandono por los europeos de su última colonia en la zona, y por los intereses económicos norteamericanos en la isla. Los norteamericanos habían presionado para que España les vendiera la isla, pero el gobierno español se había negado. En 1896, fue elegido presidente McKinley, partidario de la intervención. La opinión pública norteamericana, influida por la prensa (Hearst, Pulitzer), presionaba a favor de la intervención en Cuba. El pretexto que hizo posible la intervención fue la explosión del Maine. Era un acorazado norteamericano, anclado en el puerto de La Habana, que explotó el 15 de febrero de 1898, causando 254 muertos. Los norteamericanos no aceptaron la propuesta española de que el asunto fuera investigado por una comisión internacional y, tras realizar una investigación rápida, atribuyeron la responsabilidad indirecta a España por no garantizar la seguridad del puerto. La prensa norteamericana convirtió está responsabilidad indirecta en directa, y, en estas condiciones, el gobierno norteamericano propuso primero, en marzo de 1898, la compra de la isla por 300 millones de dólares, y, ante la posible negativa española, lanzó un ultimátum que amenazaba con la guerra si en tres días (20 de abril) España no renunciaba a la soberanía sobre la isla.
   En Filipinas, la situación era también crítica. Tras tres años de rebelión, el ejército español había conseguido dominar prácticamente la situación. Pero en la primavera de 1898, ante el inminente estallido de la guerra entre España y Estados Unidos, la flota norteamericana se dirigió a las Filipinas para apoyar a los insurrectos.
   El desarrollo de la guerra fue rápido. La superioridad material y técnica norteamericana  y la cercanía a los objetivos fueron decisivas en la marcha de la guerra.
   En Filipinas, la escuadra norteamericana derrotó a la española en la batalla de Cavite (1 de mayo de 1898) y, en agosto, los norteamericanos, ocuparon Manila.
   En Cuba, la flota del almirante Cervera, tras permanecer sitiada en Santiago, fue derrotada el día 3 de julio, y el día 17 se rendía la ciudad. A finales de julio, tropas norteamericanas desembarcaban en Puerto Rico.
   Ante esta situación, el 12 de agosto España pidió un armisticio y renunció a la soberanía de sus colonias. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de Paz de París, que establecía:
ü  Renuncia de España a su soberanía sobre Cuba, que entra en la órbita norteamericana
ü  Cesión de Filipinas, Puerto Rico y Guam a Estados Unidos a cambio de 20 millones de dólares.
   En junio de 1899, el gobierno español, ante la imposibilidad de mantener los últimos reductos del Imperio colonial, firmó el Tratado Hispano-Alemán, que suponía la cesión de las islas Marianas (salvo Guam), las Carolinas y las Palaos, a cambio de 15 millones de dólares.

b)      Las consecuencias del desastre.

  • Demográficas. Se calcula que las guerras de 1895-1898 provocaron 120.000 muertos, la mitad de ellos soldados españoles. La mayoría de las muertes se produjeron por enfermedades infecciosas como la fiebre amarilla, la tisis, la disentería, etc.
  • Sociales.  La mayoría de los muertos y los heridos procedían de las clases bajas, de aquellos sectores de la población que no habían podido pagar el dinero necesario (2000 pesetas) que excluía de las quintas. 
  • Económicas. Las repercusiones económicas no fueron importantes a corto plazo, salvo la fuerte subida de los precios de los alimentos en 1898. A largo plazo, la derrota supuso la pérdida de los ingresos procedentes de las colonias., así como la pérdida de los mercados privilegiados que éstas suponían y de las mercancías que, como el azúcar, el cacao o el tabaco, deberían comprarse en los mercados internacionales a precios más altos.
  • Políticas. El desastre provocó el desgaste de los partidos turnantes. Así, se produjo la pérdida de autoridad y el final de la carrera de los políticos que habían dirigido la primera etapa de la Restauración, apareciendo nuevos líderes como Silvela y Maura en el Partido Conservador, y Canalejas y Montero Ríos en el Partido Liberal.
  • Militares. El desastre provocó un fuerte desprestigio del ejército. El ejército, pese a las impopulares quintas, a los recursos materiales y a los sacrificios humanos, no había estado preparado para un conflicto como el ocurrido. La imagen del ejército salió fuertemente dañada del 98.
  • Psicológicas. En el plano de la psicología colectiva, el pueblo español vivió la derrota como un trauma nacional, extendiéndose los sentimientos de inferioridad, desmoralización e impotencia.
  • Internacionales. España deja de ser una potencia mundial, con territorios distribuidos por todo el mundo, y se convierte en una potencia de segundo orden.
  • Intelectuales. El desastre provocó el surgimiento de diversas corrientes críticas:
1.      La actitud crítica de los intelectuales y escritores que convergen en torno al modernismo y a la “generación del 98”, que reflexionan sobre el “tema de España”, su pasado y su futuro: Unamuno, Baroja, Maeztu, etc.
2.      La crítica realizada por los regionalistas, especialmente, por el catalán, porque la burguesía catalana fue la más afectada por la pérdida de las colonias.
3.      El movimiento obrero que denunció la marginación del pueblo en la vida pública nacional.
4.      El regeneracionismo, que buscaba una solución a los males de España y proponía una regeneración del país. Entre los regeneracionistas destacaban Macías Picabea, Mallada, Isern y, especialmente, con Joaquín Costa, autor de Oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno en España. Los regeneracionistas indicaban que los males del país eran el aislamiento del cuerpo electoral, la corrupción de los partidos políticos y el atraso económico y social de España con respecto a los países de su entorno. Los regeneracionistas defendían la reorganización de la vida política, la limpieza del sistema electoral, la reforma educativa, la ayuda social, las obras públicas y, en definitiva, una actuación encaminada al bien común y no en beneficio de los intereses políticos de la oligarquía dominante. Políticos como Maura, Canalejas o Silvela adoptaron algunas ideas regeneracionistas.

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